“Cuándo hablo por teléfono ando descalza”

“Cuándo hablo por teléfono ando descalza”

Entrevista a Pilar Siuraneta
Directora del Centro Sorigué

Entro en el Centro Sorigué, un edificio vanguardista, un modelo no sólo arquitectónico, sino de atención personalizada. Una cesión de la familia Sorigué a la Fundación Aspros. He admirado mucho este edificio, al igual que los arquitectos de todo el mundo que han venido a verlo. Pero… la arquitectura humana que lo configura está totalmente en línea. Aquí la necesidad de las personas es la que diseña la actividad del centro. Podríamos decir que es un mundo donde el entorno se adapta a las personas y no las personas al entorno. Un espacio de libertad y entusiasmo, liderado por una mujer que camina descalza por el jardín cuando habla por teléfono, así es como se conecta con la tierra, con ella misma.

La saludo. Es Pilar Siuraneta. Lleva tres collares, hechos a mano, ganchillo: azul, blanco y rosa. Combinación perfecta con vestido básico negro. ¿Te los has hecho tú? Sobria y divertida. Es la primera pregunta de una larga conversación que pronto estará atropellada de risas.

Bajo la sombra de un toldo que también parece de ganchillo, se está fresco y mientras pasan los chicos y chicas que estos días realizan las actividades de verano, la conversación se anima. Parece que nos conociéramos hace años y nos hemos visto dos veces.

¿A tí también te gustan las flores, Pilar?

¡Por supuesto! Me encantan! Mira -Pilar me enseña las flores de su terraza, amplísima, tiene un montón de fotos en el móvil- ¿Has visto qué bonitas están las cintas y ésta marquesa? Hago jardineras y multiplico aloe vera. ¡Ya se la he regalado a amigos y parientes y siguen creciendo! Vaya que el ganchillo y las flores deben tener algo que ver. Pues sí. Me he propuesto tener mis momentos propios, ajena al mundo. Es una manera de reencontrarme. Me cuesta, pero intento hacerlo. Estamos bien desconectados de nosotros mismos, de hecho no sabemos gran cosa de nosotros mismos. Ahora estoy en una etapa en la que me he propuesto esta reconexión.

¿Con tres hijos, ¿cómo lo haces?

Pues me paso el sábado por la mañana en la cocina, preparando comidas para toda la semana. Soy la mayor de tres hermanos y eso me parece que debía desarrollar mi sentido de la responsabilidad. Mi madre era peluquera, se pasaba un montón de horas en el trabajo. Para mí era normal ir a comprar, hacer la comida … vaya, la intendencia y la logística han sido para mí siempre normales. Curiosamente tengo tres hijos y mi táctica es atenderlos individualmente. Así que si tenemos que ir de compras los cojo por separado. Así tenemos nuestra rato para hablar y reconectarnos.

Me han dicho de tí que eres una persona afable y risueña.

¿Cuándo te enfadas?


Me cuesta mucho enfadarme con los demás. No soy explosiva, primero tengo que canalizar yo misma las cosas así que el día que me enfado es que ha hace mucho tiempo que estoy dándole vueltas. Cuando me enfado lo paso fatal, porque no es mi naturaleza. No me gusta el autoritarismo, intento siempre buscar el punto positivo y cuando hay que hacer algún toque de atención suelo recurrir al humor. Siempre se encaja mejor. No sé si esto es ser líder o no, lo que sí sé es que yo soy así.

¿Qué hacías antes de llegar a Aspros?


Pues he hecho mi periplo. Primero trabajaba en el Centro de menores El Segre, pero no era mi mundo. Así que un verano me fui a hacer de voluntaria con una ONG a México, en Veracruz. Trabajábamos con niños de la calle y intentábamos llevarlos a hogares de acogida. Allí la familia les obligaba a menudo a trabajar, había muchas familias desestructuradas y los niños estaban faltos de afecto, entonces se escapaban y vivían en la calle. En los hogares eran acogidos por las “tías”. Era un concepto familiar, que ellos no relacionaban con la “madre”, con quienes habían tenido una mala experiencia.

¿Cuál era tu tarea allí?


Allí intentábamos que aquellos niños volvieran a tener un ambiente familiar, evitábamos que cayeran en el mundo de la droga. A menudo los teníamos que ir a buscar cuando se escapaban por la noche. Había madres solteras, teníamos escuela de niños y intentábamos que estuvieran escolarizados. Tengo la gran satisfacción de haber podido devolver dos chicos a su casa. Una niña con 16 años y una hija de un año y un chico que hacía años que había ido de casa.



¿Cómo os financiabais?


Vivíamos de la caridad, de donaciones y de lo que sobraba en los mercados. Íbamos dos veces por semana con una furgoneta a buscar los restos de comida que sobraba y hacíamos maravillas. Yo allí ya cocinaba para todos. Nos daban huevos, la fruta que no habían vendido … Allí yo hacía de todo.

¿Y cuánto tiempo estuviste?


Fui un verano un poco a la aventura. El verano siguiente volví ya sabiendo donde iba, pero en la tercera me quedé un año. Justamente, mira como son las cosas, cuando ya tenía planificado de marcharme conocí al que hoy es mi marido en un curso de estampación de ropa. Él era el profesor. Pero yo ya tenía previsto irme y pensé … pues si debe ser, ya será. Ahora es el momento de hacer esto. Yo creo que en cada momento hay que aprovechar la oportunidad que te brinda la vida y yo sabía que en ese momento había que ir allí. Después, en verano vinieron mis padres a visitarme y él los acompañó y se quedó hasta mi regreso. ¡Tuvimos una relación de cartas con sello!

¿Y cuándo volviste a Lleida?

Antes de volver contactó conmigo Joan Escolar. Ya habíamos tenido relación antes y me propuso venir a trabajar aquí. Era el año 1995 y te puedo decir que fue volver de México y ¡en pleno jet lag incorporarme a Aspros!

¿Volverías ahora de México?


¡Seguro que sí! Siempre había querido trabajar en el ámbito de la discapacidad. De hecho yo ya estudié en Magisterio la especialidad de Educación Especial, que en ese momento sólo se podía cursar en Barcelona. Después estudié Pedagogía. La relación con los chicos me reconecta con lo esencial de la vida. Aprendo mucho de ellos, de su sencillez, de su ingenuidad, de su naturalidad. No hay falsedad en ellos, son tal cual y eso nos da a todos una gran lección cada día.

El centro es vanguardista en cuanto a su arquitectura, pero también por su atención individualizada. ¿Cómo se hace para conseguirlo?


Pues es complicado, no te diré que no, pero es la clave del éxito. Todas las personas son diferentes, por eso las agrupamos en función de sus capacidades y organizamos el día a día en función tanto de lo que ellos necesitan como de lo que les gusta hacer a los monitores. En este sentido, todo está pensado para que todos se sientan a gusto, en su lugar, que todo el mundo disfrute de lo que hace y que nadie esté donde no se sienta cómodo. No puede haber una programación homogénea porque partimos de la diversidad. Por lo tanto, si hay 45 usuarios, tienes que pensar que hay 45 programaciones diferentes. Por la mañana, hacemos sesiones educativas y rehabilitadoras y por la tarde se forman cinco grupos naturales, con los que se organizan actividades más lúdicas, como salidas, juegos, etc.

¿Si has ido tres veces a México, has tenido tres hijos y has hecho tres collares de ganchillo, que te queda por hacer ahora?


Ahora estoy buscando el momento para dedicarme a hacer cosmética natural. Hice un curso y me enganchó.

Hazlo tú mismo. ¿Esta es la idea?


Sí, que el mundo gire a tu alrededor y no que tú gires alrededor del mundo. Si quieres una pasta de dientes, te la haces. Tres cucharadas de arcilla blanca, agua de tomillo, 1 gota de aceite esencial de menta y bicarbonato o una pizca de sal.

¿Y de Sarroca, qué te queda?

Yo viví los primeros años de mi vida en Sarroca. De mi padre me queda el físico y el sentido del humor, que desdramatiza cualquier cosa y de mi madre el entusiasmo, el emprendimiento… ¡Ahora es mi madre la que está haciendo de voluntaria! La vida se debe vivir como uno quiere. Yo tengo la referencia de los veranos en Sarroca y de acompañar a los abuelos a recolectar aceitunas. La conexión con la naturaleza me reconecta conmigo misma.

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