“Lo que me cansa es estar sentada”

“Lo que me cansa es estar sentada”

Montse Grau
Voluntaria de la Fundació Aspros

Temía la jubilación porque sabía que no podría volver a Sudanell. Y el 12 de mayo del 2015 se jubiló. El capítulo posterior fue una depresión a la que Montse hizo frente como siempre lo ha hecho en la vida, mirándola a los ojos y desafiándola. ¿Puedes más tú o yo?, le dijo. Otras veces esta amiga incómoda la había traicionado, esta vez Montse no la dejó ganar. Echaba de menos a los suyos, el entusiasmo, el amor, la compañía de toda la gente con quién había compartido más horas a lo largo de estos últimos 13 años. “Casa Nostra es mi casa”, dice Montse, “aquí lo tengo todo”.

¿Cómo combatió la depresión?

Un día decidí afrontarla. Le pedí a Dolors Meler si podría continuar viniendo a Sudanell a hacer voluntariado, a ayudar. Y enseguida recibí una respuesta positiva. Así que desde hace seis meses mi depresión ha desaparecido.

¿Cómo llega hasta Casa Nostra?

Con el autobús. Llego aquí a las 7.30 de la mañana y me quedo hasta las 15.00 h.

¿Y qué trabajo hace ahora?

El que más conviene. Sobre todo estoy en la lavandería, pero también me pongo a coser. Siempre hay algún botón que hace falta.

¿Y no se cansa?

Lo que me cansa es estar sentada. Trabajar me distrae.

¿Qué le han dicho sus compañeras cuando la han visto volver?

Que no lo entienden. Que ellas tienen ganas de jubilarse y descansar y yo todavía quiero trabajar más. Pero para mí estar aquí no es trabajar, es vivir. En Casa Nostra me han ayudado siempre, ¿donde puedo estar mejor?

¿Usted no nació en Lleida, verdad? ¿Cómo llegó?

Yo soy del Prat de Llobregat. Mi padre era carretero y le ofrecieron una torre en Lleida. Parecía que todo era idílico pero para mí venir a Lleida con 19 años fue un trauma. Tuve que dejar la fábrica textil donde trabajaba y recuerdo que cuando llegué aquí sólo veía cabras. Lloré cinco días y cinco noches porque era otro mundo y no me adaptaba de ninguna forma.

Pero se quedó…

Con los años fui asentándome, me casé aquí y tuve tres hijos. Ya no me he ido. Ahora vivo en el casco antiguo de Lleida y no me veo volviendo a Barcelona.

¿Cómo era la vida en la fábrica? ¿Volvería de voluntaria cómo ha hecho aquí?

Era durísima. No volvería . Tenía que hacer mucha fuerza física y acababa muy cansada. De hecho, la cerraron, corrió la misma suerte que otras muchas fábricas del textil de Cataluña.

¿Y cómo empezó en Aspros?

Empecé después de bastantes años trabajando en la limpieza de las casas. Era un trabajo inestable de ahora sí, ahora no… Me ofrecieron trabajar en Casa Nostra, lavando platos y fíjate que ya no me he movido de aquí.

¿Había estado en algún otro ambiente similar? Le costó adaptarse?

No me costó nada. A veces pienso que el mundo de fuera es muy extraño. Aquí el mundo es mucho más humano, amable. Normalizador. Yo, de hecho, cuando salgo fuera de aquí me agobio. Todo es muy rápido, la gente no se interrelaciona, todo es mucho más frío.

Parece como un mundo al revés, ¿verdad?

Exacto. La gente que ve una persona con una discapacidad la ve extraña. Aquí no hay nadie extraño, todos somos iguales, el amor nos hace iguales a todos. Lo que es raro es lo que pasa fuera de aquí, no la vida que yo vivo en Casa Nostra.

Es valiente y buena. Ésta no es la primera vez que le hacía frente a una depresión, ¿verdad?

No. A los 35 años tuve una situación personal muy complicada. Llegó un momento que estaba tan cansada que fui al médico y recuerdo que me dijo: “señora no sé cómo anda por la calle, no tiene ni glóbulos rojos”. En aquel momento, recuerdo que le dije: ¿y qué tengo que hacer? Y su respuesta fue: “se tiene que salir”. No me pregunte cómo, simplemente apliqué lo mismo que he aplicado esta vez, ocupar la mente y salir adelante y me salí y tanto que sí.

¿Volver a Aspros ha sido su terapia?

Yo creo que sí, pero básicamente porque es lo que me gusta y me hace sentir útil. Ayudar los otros, como dice mucha gente y con mucha razón, al primero que ayuda es a uno mismo. Mi primera depresión la vencí porque mi nieto me necesitaba, esta vez sé que mi tarea ayuda otra gente y a mí mismo. Tendríamos que aprender las lecciones que nos da la vida. A mí me ha enseñado que lo que te gusta no lo tienes que dejar nunca.

La tozudería le ha ayudado

Me parece que sí. Tengo aquella tozudería que tenía mi padre, mezclada con la bondad de mi madre. Encuentro que es una mezcla que me ha funcionado.

Debe conocer muchas familias

Y tanto. De hecho, los mismos chicos y chicas a veces me dicen que soy como su madre. ¡Y eso me hace tan feliz! Quiero decirlos que tienen que estar muy tranquilos porque aquí sus hijos no tienen sólo una residencia sino sobre todo, una acogida hecha a medida, adaptada a cada uno. Aquí son felices. Y lo digo porque yo también he visto el ambiente de una residencia, donde he tenido a mi padre. Y lo que yo vi allí no era acogida, los residentes no eran felices y yo me iba siempre con el corazón encogido.

¿Le ha quedado algo por hacer hoy?

¡Sí! Doblar unos pantalones. Y me voy. Soy terca, si me queda algo por hacer lo tengo que acabar. Mañana no puede esperar, tiene que ser hoy. Es una cuestión de responsabilidad.

Usted tiene las ideas claras

Ideas claras, terquedad… El día que no me vean en alerta es que algo no va bien.

 

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